viernes 6 de noviembre de 2009

6/11/09

Pues eso, que ahora que había decidido actualizar más a menudo se me ha vuelto a joder el ordenador. Empiezo a pensar que a Dios no le gusta este blog.

miércoles 28 de octubre de 2009

Best seller

Llamo a mis amigos, a los dos que tengo, pero ninguno quiere quedar conmigo. Ponen excusas tontas para darme largas. Saben que no puedo tomar cocaína; y que yo esté presente mientras ellos se atiborran les deprime. Les deprimo. Supongo que ya no mola estar conmigo. Desde que soy un buen chico me pongo hasta las cejas de soledad, y paso la mayor parte de las tardes solo frente al ordenador, o en la biblioteca mirando culos. Sí, has leído bien, voy a la biblioteca a mirar culos; es más barato que ir a un garito y sales igual de frustrado sexualmente.

Esta tarde la he pasado en la biblioteca municipal. Una tarde más culo va culo viene. Veo a una rubia de bote, ya talludita pero con bonitas formas y con un libro de Paulo Coelho en la mano. No me interesa. Veo a un par de chicas de unos veinte años con look gafaspasta; están en la sección de arte ojeando un libro de Andy Warhol, no son muy guapas, y encima el look gafaspasta las hace parecer más feas. No me interesan. Veo a una mujer de unos cuarenta, está a mi lado en la sección de filosofía, lleva gafas, está gorda, tiene bigote y lleva un libro de Sartre en la mano; deduzco que es una intelectual auténtica. No me interesa. Veo al lado del panel de anuncios a una pedazo de morena; culo y piernas bien torneadas y apretadas en unas mallas negras, buen tetamen, cara de tini guarrila, y ojos… ojos… ¡¡bah!! A quién coño le importan los ojos con semejantes tetas. Sí me interesa. Lleva un cartel en la mano que seguidamente pega en el tablón de anuncios. Me acerco por detrás con la intención de leer el cartel, pero sobre todo con la intención de grabarme a fuego en la memoria ese cuerpo perfecto. En el cartel pone algo referente a la reunión del club de lectura de la biblioteca municipal; viene a decir que se cambia el día de reunión, de los lunes a los miercoles; y que el libro que se comentará esta semana es “La sombra del viento” de Carlos Ruiz Zafón. Mi polla empieza a maquinar en la forma de decirle algo a la morenaza, está demasiado buena para que se marche así como así.
-Perdona –digo tímidamente.
-Sí –dice morenaza.
-Tú… tú… ¿Tú estás en el club de lectura? –pregunto tontamente.
-Sí –contesta de forma gélida.
-Es que llevo tiempo queriendo apuntarme –miento, lo único que quiero apuntarme es tu email zorra.
-¡Ah! Pues yo soy la que lleva todo el tema del club de lectura –contesta ella de forma más cálida, lo suficientemente cálida para que se me ponga morcillona-. Mira, dame tu email, y te envió información del club.

Le doy mi email. Ella lo apunta en un trozo de papel que arranca de otro cartel; un cartel de esos de se ofrece chica ecuatoriana responsable para cuidar ancianos. Nos despedimos con un sencillo nos vemos. Observo como sale de la biblioteca y como el personal masculino se queda mirándola, y mirándome. Jodeos envidiosos culturetas, yo soy un hombre de acción. Seguidamente salgo de la biblioteca regodeándome en mi victoria. Sí cabrones, mirad bien, soy un macho alfa, he jugado mi baza y la he ganado. Camino erguido y lleno de orgullo. Un orgullo que se desvanece en cuanto salgo por la puerta de la biblioteca, donde en pocos segundos mi cerebro empieza a carburar de nuevo y pienso:
-¿Pero qué coño he hecho? Ahora me tendré que leer un best seller infumable. Y todo por volverla a ver. Menuda mierda de macho alfa estoy hecho. Si fuera un hombre con dos cojones le habría dicho que paso de leer best sellers; que los best sellers son a la literatura lo que los cuarenta principales a la música; que los machos leemos a Bukowski, que los best sellers son para mariquitas, que yo me limpio el culo con Carlos Ruiz Zafón y con su puta madre.

Decido que cuando llegue a casa y vea su email la mandaré a la mierda finamente, que le diré que no me interesan los libros propuestos, y le sugeriré los libros que me gustan. Pienso hablarle de “Las partículas elementales”, de “Los vagabundos del Dharma”, de “La malandanza”, de “la senda del perdedor”. Seré un salido, un machista, un superficial, un esquizofrénico y un mediocre; pero si hay algo que no soy es un lector de best sellers. Vamos hombre, hasta ahí podíamos llegar.

Cuando por fin llego a casa y abro el correo electrónico observo que ella me ha escrito, se ha tomado la molestia de escribirme nada más llegar a casa. En su email me dice que se llama Verónica, que con las prisas no nos hemos presentado, que me da la bienvenida al club de la lectura, que están empezando, que son muy pocos y que se reúnen todos los lunes a las 20:00 en el sótano de la biblioteca. Como remate final me envía la lista de libros del club de lectura para el mes que viene. A saber:
-La sombra del viento
-Los pilares de la tierra.
-El último judío.
-Ángeles y demonios.

…Y yo, ¿Que qué he hecho? Pues qué voy a hacer, he ido a la librería y me he comprado La sombra del viento.

martes 20 de octubre de 2009

¡Bingo!

El ambiente resulta muy triste, todo está lleno de viejas y viejos. La media de edad no baja de los 60 años. Se ven auténticos carcamales. La muerte ronda muy cerca. Las viejas sólo levantan la vista de los cartones para mirar a los dos tipos de treinta y pocos años que acaban de entrar; uno de ellos camina alegre, despreocupado y moviendo involuntariamente la mandíbula, lo que delata que va encocado. El otro camina dejándose llevar, medio chepado y con cara deprimida; todavía no sé como me ha convencido Carlos para pasar la noche en el bingo.
-Venga Emi, anímate, seguro que trincamos algo.
-Ya tío, pero es que esto no es lo mío.
-¿Y dónde quieres ir un martes por la noche?
-No sé, podemos ir a un pafeto a ver chiquillas jóvenes.
-Y volverme a casa pobre y sexualmente frustrado. No, de eso nada.

Nos sentamos en una mesa cercana a la pantalla de televisión por la que salen las bolitas. Carlos compra tres cartones, dos para él y uno para mí. Me dice que me alegre, que estoy a gastos pagados, que me preocupe únicamente de tachar los números y de cantar un buen bingo. Seguidamente el tipo que canta los números comienza su letanía.
-20, 34, 45, 68, 23,…
Al cabo de tres minutos dejo de oir números y de tacharlos, en ese momento le entrego a Carlos mi cartón y le digo que siga él, que yo me aburro, que me voy a la barra a pedir una cerveza.
-Vale tío, yo sigo aquí, en cuanto trinque un bingo nos vamos.
Voy hacía la barra cuando alguien cerca de nuestra mesa canta bingo; evidentemente no somos nosotros. Es una voz senil, una vieja decrepita y pintada igual que un loro ha trincado un bingo. A mí todo eso me importa un huevo. Para cuando comprueban que el bingo del loro es correcto yo ya estoy sentado en la barra y pidiendo mi cerveza a una camarera que está bastante buena. Lo cierto es que sentado en la barra, con la cerveza fresquita y mirando a la camarera buenorra toda esta situación se hace más llevadera, y la letanía numérica del speaker del bingo se ha convertido en música de fondo que congenia perfectamente con mis pensamientos.
-4 –dice el speaker.
-Los polvos que le echaba a la camarera –pienso yo.
-2 –dice el speaker.
-Los polvos que realmente podría echarle a la camarera –pienso yo.
-10 –dice el speaker.
-Las rayas que lleva Carlos –pienso yo.
-32 –dice el speaker.
-Los años que me quedan de vida –pienso yo…

…Pierdo el miedo a mi locura y sigo un rato más con el juego esquizofrénico de personalizar el canto de los números que, ocasionalmente se ve interrumpido por alguna voz senil que canta una línea o un bingo. Cuando quiero darme cuenta ha pasado media hora, y como no he oído la voz de Carlos decido volver a la mesa, a ver que tal se encuentra.

De regreso a la mesa veo que Carlos está sentado con la vieja mujer loro que trincó el primer bingo. Decido darme la vuelta para hacerme el tonto y largarme a casa de la forma más digna posible. Es inútil, Carlos ya me ha visto y me llama para que me acerque a la mesa.
-Emi –susurra por debajo del tono del speaker-, ven para acá hombre.
-Sí, ya voy –digo tontamente con una falsa sonrisa.
-Siéntate hombre –me dice al tiempo que me agarra con fuerza del brazo.
-Iba al baño –digo sin perder la sonrisa de estúpido.
-No hombre, espérate a que termine esta ronda y vamos los dos.
-Cabrón que coño haces –le musito a Carlos entre sonrisas.
-Tú tranqui, que de aquí salimos ricos –musita Carlos-. Mira os presento, ella es Mónica y él es Emilio.
El viejo loro levanta la vista de los cartones que juega el segundo exacto que tarda en sonreírme. Yo le devuelvo la sonrisa, sonrisa de estúpido claro.

Por fin alguien canta bingo y Carlos se levanta de la mesa invitándome a acompañarle.
-Nos disculpas Mónica –le dice Carlos al loro- enseguida volvemos.
En el servicio del bingo Carlos me explica que el loro se le acercó cuando se quedó sin cartones, que se compadeció de él y que le está pagando todo lo que hasta ahora están jugando. Me dice que no piense mal, que es una vieja ricachona que ve en el a una especie de hijito a quién cuidar; que sonría, que sea amable y que todo saldrá bien.

En la mesa el loro nos espera con un par de cartones y una cerveza para cada uno. Aunque no me queda un duro le pregunto al loro que cuanto le debo.
-¡Oh! No te preocupes, todo corre de mi cuenta –dice el loro con sincera alegría- es mi noche de suerte.
Carlos me guiña el ojo, y me invita amablemente a sentarme. Nos sentamos y comenzamos a jugar al bingo. Pasa una ronda, y otra, y otra y los cartones que nos paga la vieja son regados con gran cantidad de cerveza; pero aún así no me emborracho. Una inquietud interior me lo impide. Analizo las miradas de la vieja y tengo la sensación de que no nos ve como hijitos a los que deba cuidar, sino más bien a lo que en términos carcelarios se conoce por pescado fresco. Hay verdadero deseo en las miradas que nos lanza. Sobre todo a Carlos, que cada vez que va al servicio a encocarse no deja de mirarle el paquete.

Por fin anuncian que el bingo va a cerrar sus puertas y que está es la última ronda. La vieja compra tres cartones para cada uno. Termina la ronda y ninguno de los tres hemos cantado nada. Ya en la puerta del bingo la vieja se despide de nosotros.
-Bueno muchachos, ha sido un placer –dice la vieja con voz lastimera.
-Espera Mónica –dice Carlos-. Si quieres te llevamos a casa, mi amigo tiene el coche muy cerca de aquí.
-Pero qué dices –le musito a Carlos.
-Bueno, iba a pedir un taxi porque vivo lejos, pero si me queréis acercar a casa os lo agradezco.
Ponemos rumbo al coche que está en el parque que hay al lado del bingo. Abro las puertas y, para mi sorpresa, Carlos se sienta junto a la vieja loro. Arranco el motor y sigo las indicaciones de la vieja para llevarla a su casa. Vive en un chalet de pelas a las afueras, a unos 10 minutos dice ella. 10 minutos en los que nadie dice una sola palabra. Sólo oigo risitas en la parte de atrás. En un semáforo en rojo aprovecho para echar un vistazo atrás y ver a cuento de que vienen las risitas. No puedo creer lo que veo. A Carlos la vieja le está sobando el paquete con sus manos huesudas y arrugadas. Empiezo a sentir nauseas. Cuando por fin llegamos a la urbanización y paro el coche, tengo que salir a tomar el aire un rato. Acto seguido salen el loro y Carlos. La vieja se despide de nosotros y le da a Carlos dos billetes de 50 euros.
-Tomad bonicos, para que os toméis algo por ahí –dice alegre la vieja.
-Gracias Mónica –responde Carlos.
Sin darle tiempo a ver desaparecer a la vieja Carlos y yo nos metemos en el coche. Arranco a toda pastilla. Huimos de esa urbanización a uña de neumático. Pasan dos minutos sin que los dos digamos nada, hasta que por fin rompo el silencio.
-Tío, eres un puto –digo entre carcajadas.
-Lo único que sé es que me vuelvo a casa con 100 eurazos por nada –dice Carlos al tiempo que se rasca el paquete.

jueves 15 de octubre de 2009

Yo me conformo (otro poema estúpido)

Hay parejas que a nuestra edad tienen hijos para ser felices a traves de ellos.
Yo me conformo con que me hagas una paja./

Hay parejas que a nuestra edad sienten un gran vacío y deciden hacer viajes al extranjero para buscar fuera lo que nunca tendrán dentro.
Yo me conformo con un poco de sexo oral./

Hay parejas que a nuestra edad se compran una Wii para llenar sus vidas de emoción.
Yo me conformo con que nos besemos./

Hay parejas que a nuestra edad están todo el día follando para evitar hablar entre ellos y darse así cuenta de que no tienen química.
Yo me conformo con verte sonreir cuando digo una chorrada./

Hay parejas que a nuestra edad están todo el día hablando para evitar follar entre ellos y darse así cuenta de que no tienen química.
Yo me conformo con que te duermas en mis brazos mientras te acaricio./

Yo me conformo con poca cosa,
¿Y tú?

lunes 5 de octubre de 2009

Tensión sexual (un poema experimental)

Haciendo zapping:
Pongo bones y sólo veo tensión sexual entre los protas,
pero ten por seguro que no follarán hasta la última temporada.

Cambio de canal.

En C.S.I todos quieren follar con todos,
pero no ocurrira nunca,
nunca veremos "C.S.I. la orgía".

Cambio de canal

En la señora;
tensión sexual-amorosa entre el cura y la susodicha,
para terminar con los pies frios y la cabeza caliente.

Cambio de canal

Pongo el telediario y más de lo mismo:
Pedro Piqueras quiere follar con la presentadora que tiene dos canicas azules por ojos,
pero eso no sucederá nunca.

Cambio de canal

Raul del Pozo quiere follarse a Susana Griso, y esta se muere de ganas porque alguien se la clave en directo,
pero eso nunca sucederá.

Cambio de canal

En true blood de follar nada de nada,
otro programa de exito gracias a la tensión sexual.

Y es que si en la tele echaran gente follando todo el rato nadie la vería,
por eso las personas de bien no vamos al cine a ver pelis españolas. Porque no hay tensión sexual.

Puto ser humano,
por qué coño eres tan jodidamente retorcido y complejo.

lunes 31 de agosto de 2009

Más fotejos

Habitación



Water

miércoles 19 de agosto de 2009

Fotejos de mi casa.

Pues eso, las primeras fotos de una casa vacia y que está poniendo a prueba una relación de 8 años en pareja.

Cocina.



Comedor